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El padre,
en posesión de un notable poder económico, sé vuelve a juntar en la
mesa con sus familiares para festejar el noviazgo de la hija. En esa
mesa no se sirve comida alguna, pero se respeta todo el ceremonial
de un gran almuerzo familiar. El padre habla del consejo de
administración que acaba de presidir. Harto de dinero, incapaz de
aceptar la realidad histórica, consciente de la imposibilidad de ser
sustituido por su propio hijo, decide cerrarlo todo, demoler,
despedir, en una especie de paro moral grotescamente cíínico. Pero
toda su familia está en su contra y se apoderan violentamente del
poder a raíz de una absurda conjura planeada debajo de la mesa. A
pesar de su riqueza, los familiares no quieren renunciar al poder
económico, por la conocida norma de que las castas no se
suicidan. |